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Cómo Nació TOMA EL MANDO: De la Sobreexigencia al Propósito

  • Foto del escritor: Ester navarro
    Ester navarro
  • 3 dic 2025
  • 3 Min. de lectura
ogotipo TOMA EL MANDO en fondo dividido: cabina de avión (aeronáutica) y cohete despegando (aeroespacial). Mujer profesional que lidera el proyecto.

La semana pasada compartí tres momentos de mi historia profesional. Tres fotografías que, sin planearlo, acabaron trazando un recorrido que muchos hemos vivido sin saberlo: el de avanzar sin dirección, crecer sin equilibrio y, con el tiempo, aprender a sostenernos sin miedo al error.


Durante años creí que el esfuerzo sería suficiente. Que si estudiaba, trabajaba duro y seguía los pasos correctos, el resultado llegaría por sí solo. Pero cuando terminé la carrera y las prácticas, descubrí lo que nadie te cuenta en la universidad: que el mérito no siempre se traduce en oportunidad.


Fue una etapa de frustración. La de sentir que hacías todo bien y, aun así, nada terminaba de arrancar. El motor estaba encendido, pero el rumbo no. Esa sensación de empuje sin avance, de energía sin dirección.

Profesional de espaldas sujetando una bandeja en un evento. Representa la etapa de esfuerzo y trabajo duro antes de la carrera aeronáutica.

El mérito no siempre se traduce en oportunidad.

Cuando por fin logré entrar en la industria, pensé que esa etapa había quedado atrás. Trabajaba como Técnico de Planificación de Mantenimiento en una aerolínea de largo radio, coordinando la flota A330 y B787. Era el lugar que tanto había esperado, y la sensación de logro fue inmensa.


Alcanzar una meta no siempre significa encontrar equilibrio.

Pero con el tiempo descubrí que alcanzar una meta no siempre significa encontrar equilibrio.

El ritmo, la presión y la responsabilidad empezaron a acumularse, y en un entorno donde el error no tiene margen, el miedo a fallar se instaló poco a poco en la rutina. Vivir con ese nivel de exigencia sostenida acaba desgastando más de lo que parece. Hay un punto en el que la mente se acostumbra al ruido, pero el cuerpo sigue registrando cada impacto. Hasta que un día te obliga a parar.


Mujer sonriente en chaleco de seguridad mirando un avión en pista. Representa la fase de trabajo en el sector aeronáutico.

Mujer sonriendo sentada en la cabina de mandos de un avión comercial. Ingeniera o técnica en un entorno aeronáutico.

Mirando hacia atrás, entiendo que esas etapas (el bloqueo y la sobreexigencia) no fueron fallos, sino cimientos. Detrás de cada momento de avance o de pausa hay algo más profundo que no siempre sabemos nombrar. A veces es el miedo a no estar a la altura, otras la ambición que empuja sin rumbo, la falta de claridad o simplemente el agotamiento de ir en automático. Todas son respuestas naturales a un entorno exigente, pero cuando se acumulan, nos desconectan de lo esencial: saber hacia dónde queremos ir y por qué.


Nuestro cerebro, al fin y al cabo, está diseñado para protegernos, no para hacernos crecer. Cuando percibe presión o amenaza (aunque sea emocional, como el miedo al juicio o al error) activa los mismos mecanismos que ante un peligro real. En ese modo, reaccionamos en lugar de reflexionar, repetimos lo que sabemos aunque ya no funcione y confundimos control con seguridad. La psicología lo explica bien: el cuerpo intenta mantenernos a salvo, pero a veces lo hace impidiéndonos avanzar. Esa sobreprotección mental se traduce en bucles de pensamiento, en rutinas que repetimos sin cuestionarlas, en la creencia de que mantenernos ocupados es lo mismo que avanzar.


Seguimos así, cumpliendo objetivos, resolviendo lo urgente, sin preguntarnos si lo que hacemos sigue teniendo sentido. Y es normal: detenerse a pensar cuesta más que seguir el ritmo. Pero llega un punto en el que el cuerpo o la mente te obligan a hacerlo. Y justo ahí (en ese punto de inflexión) empieza el cambio real.


No se trata de romper con todo, sino de ajustar el enfoque. De entender que crecer no siempre es hacer más, sino hacerlo con criterio, con propósito, con presencia. Ahí entendí que no tenía que cambiar de sector, sino la forma de relacionarme con él. Que el siguiente paso no era huir del entorno, sino aprender a habitarlo con más equilibrio, más conciencia y más sentido.


De esa necesidad nació TOMA EL MANDO.


Un proyecto que une lo técnico y lo humano. Que abre espacio a las conversaciones que no caben en los informes, ni en las reuniones, ni en los manuales. Porque detrás de cada procedimiento hay personas, y detrás de cada decisión técnica hay emociones que influyen más de lo que parece.


He creado este espacio para los profesionales del sector aeronáutico y aeroespacial que quieren seguir desarrollándose con propósito y perspectiva. Para quienes buscan crecer sin perder el equilibrio, liderar sin desconectarse de sí mismos y aprender a gestionar lo que sienten sin miedo a fallar.


A los más de dos mil suscriptores que formáis la semilla de esta comunidad, gracias por acompañarme desde el principio. Hoy esa historia se transforma en estructura, en voz y en plataforma.


El despegue ya ha comenzado.



¿Cuánto de lo que haces hoy responde a tu propósito… y cuánto al piloto automático? 🤔💬

 
 
 

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